15.2.08

Conociéndote

- Hola, ¿cómo te llamás?

- Me yamo Yanina, ¿y vos?

- Arístides, encantado. Sabés qué, vengo siempre acá y nunca te había visto.

- ¿En serio? Yo vivo acá a dos cuadras, en el 5º B de Belgrano.

- Uy, pará que anoto

-risas-

- Che, ¿y te gusta la música?

- ¡Si, me encanta, está recopado este lugar!

- La verdad que si. Dejame adivinar... ¿sos de Virgo, no?

- ¡Ay no! ¿Por qué te pareció?

- Por el rulo que te cae cerca de la cara, es típico de las de virgo. ¿Tu comida favorita es el arenque, no?

-más risas-

- Nnada que verr. Me re caben las hamburguesas.

- Ah, claro.

- ¿Y a vos?

- Si, un par me caben. Más, no sé. ¿Y tu color favorito, cuál es?

- Mi color favorito es el turquesa, tengo todo de ese color, hoy tengo negro porque vengo de un velorio de la tía de una amiga de mi prima. Pero tengo todo turquesa, hasta las sabanas de mi cama son turquesas, ¿querés que te las muestre?

- Nno, dejá, dejá, ya sé todo de vos. Muchas gracias, adiós.

12.2.08

Mu, vaca

Tres vacas comen juntas. Una mira a la otra y le dice mu, mientras que la tercera, visiblemente dejada de lado, se pone celosa. Mu, se queja. Pero a las dos conversantes parece no importarles un yuyo lo que esta diga. “Un yuyo” es una expresión que utilizan las vacas habitualmente para referirse a algo vano y despreciable. Suertudas de ellas, dirán las vacas japonesas, que tienen que sobrevivir a las nevadas y al hacinamiento, sin pasto natural que comer. Las vacas pampeanas son derrochadoras. Otro caso es el de los sebues brasileños, todo un diferente cantar. Pero las vacas pampeanas no quieren ni pensar en ellos y en su exhuberancia tropical, ahora mismo deben estar bailando la samba.

Las dos vacas conversantes acuerdan: muuuu. La tercera muerta de envidia empieza a mu pelado. ¡Cómo mu me dejan de lado! La tercera era una rareza en la Pampa, la vaca de la discordia. A ella la habían traído desde un vallecito en Córdoba, cerca de Calamuchita, como a ella le gustaba decir en sus días tranquilos. Es una rareza porque es una vaca llorona y protestona. Se la pasaba en la sierra pegando agudos mus que despertaban a todo el mundo, incluidos los pumas y los pajaritos que hacen Ch, ch.

La primera vaca dijo mu, la segunda dijo mu y de esa manera le dieron lugar, al menos a la tercera en la conversación. Esta última muy contenta, visiblemente tranquilizada enfatizó, en orden a poner fin a la disputa acaecida: mu.