Paipai I
Conocí a Paipai un día lluvioso. Estaba tirado en un colchón, en la vereda, yo esperaba el colectivo enfrente. Si bien había llovido toda la noche, aquella mañana apenas lloviznaba. El colchón estaba seco gracias al resguardo de un balcón y él ya no dormía, miraba alternativamente al cielo y a la calle, con los ojos inquietos, con la necesidad de levantarse.
Entonces gritó una frase oscura y completamente indescifrable, lo único que entendí fue paipai, al final. Nada pasó. A los pocos segundos volvió a gritar, esta vez más fuerte, de la misma manera incomprensible, con paipai al final. Con el segundo grito llegaron dos chicos de no más de diez años pegándose y empujándose, se peleaban por una botella de gaseosa. No, no se peleaban por una botella de gaseosa sino por la oportunidad de darle la botella a Paipai que la recibió a modo de desayuno. Para tomarla se sentó en el colchón, estirando las piernas que dejaban colgando dos sucios apéndices. Quizás fueran pies.
Entonces gritó una frase oscura y completamente indescifrable, lo único que entendí fue paipai, al final. Nada pasó. A los pocos segundos volvió a gritar, esta vez más fuerte, de la misma manera incomprensible, con paipai al final. Con el segundo grito llegaron dos chicos de no más de diez años pegándose y empujándose, se peleaban por una botella de gaseosa. No, no se peleaban por una botella de gaseosa sino por la oportunidad de darle la botella a Paipai que la recibió a modo de desayuno. Para tomarla se sentó en el colchón, estirando las piernas que dejaban colgando dos sucios apéndices. Quizás fueran pies.


3 Comments:
Hola!!!!
leer la palabra lluvia me dan más ganas de que llueva.
Te dejo saludos, espero que estés muy bien.
che, quiero que siga.
UUUUUUUUUUUUUh, te acordas de este blog?
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