Anecdotario 2/2
La sonrisa de un joven pasajero. Llegó tarde a la cuadra de los colectivos, ya se iba el suyo. Le suplicó se detenga, levantando el brazo en gesto de suplica. El ómnibus no se detuvo junto a él. La expresión de su rostro lo decía casi todo. El resto lo dijo cuando el chofer, piadoso, apretó el pedal del freno unos metros más adelante para dejarlo subir. Qué felicidad se le vino de repente.
En el tren: uno, dos, tres insultos. Nada más.
Temprano en la mañana, antes de llegar a su trabajo. Un hombre corriendo que seguramente llegaría tarde a algún lado. Nada destacable. ¡Policía, policía, detengan a ese hombre, me robó! Una persecución callejera.
Envidia. ¿Podría pertenecer al anecdotario? Por supuesto que si. Una compañera recibe una gran noticia, está invitada a un evento empresarial en Europa. Todo pago por la empresa. ¿Y yo?
El regreso, rápido. Una persona se suicida. Para ella sería un día, sin dudas, significativo. Para ella y sus familiares. Para el resto del mundo, una bronca pasajera, mañana será otro día y el olvidó hará su trabajo.
A la noche el miedo. ¿Qué se esconde detrás de esa entrega diaria a la oscuridad? Es agradable dormir, pero… ¿a nadie le da miedo, acaso, traspasar el portal? A él si, mucho. Dormir es entregarse a lo desconocido. ¿Qué será, un sueño, una pesadilla, algunas imágenes indescifrables o simplemente un paréntesis al final del cuál habrá que empezar todo de nuevo? Predisponerse a dormir es estar dispuesto a saltar por la escalerilla de emergencia de un avión, cerrar los ojos antes de el pinchazo, mirar la nota de un examen, robar el primer beso.
Esa es la anécdota sobresaliente de cada día.


