"La cristalizadora" Capítulo 6
Duilio salió a buscar trabajo y Raquel sola no sabía que hacer.
Sus padres, durante la infancia accedieron a decenas de tratamientos. La pintura fue uno de ellos.
Pensaba la terapeuta que pintando, Raquelita tendría una buena posibilidad de mejorar su capacidad de pensamiento abstracto. Fue una lástima que la instructora, en la clase, diera consejos tales como “Raquelita, metete en el lienzo” o “Respetá a la paleta” que terminaban con la nena intentando atravesar la tela o sentada sumisamente frente a la paleta de pintura, como pidiendo perdón.
Sin embargo, luego de que quedaran truncas sus clases tanto por el espanto de sus compañeros como por la incompetencia de su profesora, siguió pintando en casa, sin que nadie le diera indicaciones. Y ahí es cuando realmente progresó, aunque nadie lo haya notado.
La nena trazaba lineas en la tela materializando cosas que escuchaba por ahí, o desactivando metáforas profundamente incorporadas al lenguaje. Pero al tiempo de estar pintando se perdía o simplemente se desorientaba para darse de frente contra la abstracción. Se quedaba horas como bloqueada, perdida y desfasada de la realidad. Pero luego y por algunos días, mejoraba notablemente. Aquellas confusiones funcionaban como paliativo a su poco verosímil patología.
Mientras Raquel pintaba alguien golpeó la puerta. Duilio le había dicho más de una vez que no le abriera la puerta a nadie, sin importar quién fuera. Apenas sonó el golpe en la puerta y sin dudar, ella tomó las llaves que estaban sobre la mesa y abrió. Entró a toda velocidad una mujer de pelo rojizo, notoriamente teñido.
- ¿Así que vos sos la loca?
- Hola, ¿vos quién sos?
Sus padres, durante la infancia accedieron a decenas de tratamientos. La pintura fue uno de ellos.
Pensaba la terapeuta que pintando, Raquelita tendría una buena posibilidad de mejorar su capacidad de pensamiento abstracto. Fue una lástima que la instructora, en la clase, diera consejos tales como “Raquelita, metete en el lienzo” o “Respetá a la paleta” que terminaban con la nena intentando atravesar la tela o sentada sumisamente frente a la paleta de pintura, como pidiendo perdón.
Sin embargo, luego de que quedaran truncas sus clases tanto por el espanto de sus compañeros como por la incompetencia de su profesora, siguió pintando en casa, sin que nadie le diera indicaciones. Y ahí es cuando realmente progresó, aunque nadie lo haya notado.
La nena trazaba lineas en la tela materializando cosas que escuchaba por ahí, o desactivando metáforas profundamente incorporadas al lenguaje. Pero al tiempo de estar pintando se perdía o simplemente se desorientaba para darse de frente contra la abstracción. Se quedaba horas como bloqueada, perdida y desfasada de la realidad. Pero luego y por algunos días, mejoraba notablemente. Aquellas confusiones funcionaban como paliativo a su poco verosímil patología.
Mientras Raquel pintaba alguien golpeó la puerta. Duilio le había dicho más de una vez que no le abriera la puerta a nadie, sin importar quién fuera. Apenas sonó el golpe en la puerta y sin dudar, ella tomó las llaves que estaban sobre la mesa y abrió. Entró a toda velocidad una mujer de pelo rojizo, notoriamente teñido.
- ¿Así que vos sos la loca?
- Hola, ¿vos quién sos?
- Me llamo Marisa, soy la novia de Ricardo. -la chica entró como una tromba, directo a la cocina, abrió la heladera y se sirvió agua fría-...

