21.12.05

"La cristalizadora" Capítulo 1

-Esto es lo que me jode de vos, ¿por qué me tenías que mojar?

-Ya ta dije que esto te iba a caer como un balde de agua fría.

-Si, está bien. ¿Pero era necesaria el agua? ¿No me podías decir que nos iban a echar por no pagar el alquiler y listo?

-Podía, podía eso y muchas cosas más. Entonces, como podía muchas cosas más, las pude.

-¿Y este cinturón?

-Me queda bien, ¿no?

-Si, te queda bien. ¿Pero no es algo infantil?

-Para nada. Además, me obligó una profesora mía a ponérmelo.

-¿Te obligó tu profesora?

-Me dijo que tenía una cintura de avispa. A este justo lo había visto el otro día por internet en una página sudafricana; puse la tarjeta de mi viejo y llegó en dos semanas.

Raquel tenía un problema poco usual. Le costaba concebir un mundo que no sea material. Si le decían que tenía cintura de avispa, se ponía un cinturón con avispitas, no importa cuan infantil pueda parecer en su cintura de treinta y dos años. Si se le ocurría dar una noticia de esas que caen como un balde de agua fría, mejor tener un piloto a mano. Cuando me dijo que me amaba hasta el cielo nunca sospeché del viaje en helicóptero que tenía planeado.

-Ya no podemos estar acá. Tenemos que conseguir un laburo, la vieja esta de mierda en cualquier momento nos echa, ya me estuvo rompiendo las pelotas ayer porque...¡Ahhhh!

-Perdoname, es que...

-La puta madre. ¿Qué hacés?

-Perdón, escuché “pelotas” y sino lo hacía me iba a sentir mal, como cuando piso las juntas de las baldosas.

-Lo volvés a hacer y te cag... y te pego.

-¿Bueno, pero adónde nos vamos?