Cita pactada.
-Si, si. ¿Cómo andas? Estuve esperando que me llames.
Julia demostraba su entusiasmo de manera evidente. Y Matías no estaba nada acostumbrado a eso. Él sabía actuar frente al rechazo. No, mejor dicho: no sabía actuar frente al rechazo sino que estaba mucho más acostumbrado a eso. Tenía los dedos marcados en la cara.
-Ah, bien. Tuve un problemita con tu número. Es que mi hermano se llevó mis pantalones y con ellos el número –la mentira, aunque mínima, parecía necesaria- sino te hubiera llamado antes.
-Todo bien. ¿Terminaste la facultad?
¿La facultad? Matías nunca dijo nada de facultades, ni siquiera lo pensó. ¿Cómo es que se sabía nada de sus estudios? ¿Acaso Julia lleva consigo el germen de la destrucción del narrador omnipotente?
-Bien, bien. Terminé hace un par de semanas, pero no quiero hablar de eso, por lo menos ahora que estoy en vacaciones...
Mmm. Ese tema parecía convertirse en materia de codicia. ¿Que sería lo que estudiaba Matías?
-Bueno Matí, ¿te parece que nos veamos el fin de semana? No te digo ahora porque estoy un poco ocupada, pero me gustaría que nos veamos un rato, para charlar, obvio. ¿Te gusta la idea?
-La idea no hace otra cosa que gustarme –Matías tenía un flojo conocimiento acerca del uso del doble sentido, pero Julia se lo dejó pasar- Veámonos el sábado. ¿A donde cuando?
-El sábado, el sábado, no pongamos horas. Nos vemos en Serrano. ¿Sí? Yo te busco, vos me buscas, no podemos perdernos.
-Me divierte la idea.
-Claro, así podemos evitar a los espías. ¿No te parece?
-Si, los espías. Nos vemos entonces.
-Si, nos vemos –casi cortando Julia terminó con...- un beso, clanc.
Ahora la sospecha. ¿Por qué quería Julia divertirse de esa manera con Matías? ¿Que se dijeron aquella noche en el bar para que conserven el tono de confianza de la conversación?


