Grizzly
Ella, cuando no escucha por las interferencias me dice: "Te escucho como un osito ronroneando".
Creo que al pasar tan cerca de él, algo se activó. Instantáneamente perdió el interés en la novia. La corrió bruscamente, eso fue lo que pude ver, porque al avanzar perdí la acción por la perspectiva.
Pero sentí que estaba tras de mi. Escuchaba los gritos inentendibles, de sonido grave y siempre al final de la curva melódica, un Paipai. Sentí miedo y decidí seguir caminando. Él no dejó de seguirme y en medio del hall me tomó del hombro. Quedamos frente a frente. Gritaba y movía su mano derecha de arriba a abajo, siempre terminando con Paipai. Entendí que me pedía plata y entendí que no se conformaría con el peso veinticinco que le había dado. Nadie parecía verme. Me sentí tan solo como para salir corriendo en dirección a la calle.
- Hola, ¿cómo te llamás?
- Me yamo Yanina, ¿y vos?
- Arístides, encantado. Sabés qué, vengo siempre acá y nunca te había visto.
- ¿En serio? Yo vivo acá a dos cuadras, en el 5º B de Belgrano.
- Uy, pará que anoto
-risas-
- Che, ¿y te gusta la música?
- ¡Si, me encanta, está recopado este lugar!
- La verdad que si. Dejame adivinar... ¿sos de Virgo, no?
- ¡Ay no! ¿Por qué te pareció?
- Por el rulo que te cae cerca de la cara, es típico de las de virgo. ¿Tu comida favorita es el arenque, no?
-más risas-
- Nnada que verr. Me re caben las hamburguesas.
- Ah, claro.
- ¿Y a vos?
- Si, un par me caben. Más, no sé. ¿Y tu color favorito, cuál es?
- Mi color favorito es el turquesa, tengo todo de ese color, hoy tengo negro porque vengo de un velorio de la tía de una amiga de mi prima. Pero tengo todo turquesa, hasta las sabanas de mi cama son turquesas, ¿querés que te las muestre?
- Nno, dejá, dejá, ya sé todo de vos. Muchas gracias, adiós.
Las dos vacas conversantes acuerdan: muuuu. La tercera muerta de envidia empieza a mu pelado. ¡Cómo mu me dejan de lado! La tercera era una rareza en la Pampa, la vaca de la discordia. A ella la habían traído desde un vallecito en Córdoba, cerca de Calamuchita, como a ella le gustaba decir en sus días tranquilos. Es una rareza porque es una vaca llorona y protestona. Se la pasaba en la sierra pegando agudos mus que despertaban a todo el mundo, incluidos los pumas y los pajaritos que hacen Ch, ch.
La primera vaca dijo mu, la segunda dijo mu y de esa manera le dieron lugar, al menos a la tercera en la conversación. Esta última muy contenta, visiblemente tranquilizada enfatizó, en orden a poner fin a la disputa acaecida: mu.